¿Quieres saber cómo me llamó ella? Simplemente se arrojó a mí sálpicando saltos de permanencia. Por un momento quise negarme a su ceguera bendita, para sólo después caer ante sus súplicas disfrazadas de inocencia. Quise traspasarme a su cuerpo, para evitarle las lágrimas; quise traspasar el abrazo, para remediar la separación entre su piel y la mía; quise abundar en sus ojos hermosos en torbellino, para... Si tan sólo pudiera llenar el espacio con una sola bocanada de aire hacia fuera.
Puede ser doloroso o divertido, disfrutable o abrumante: mero funcionamiento neuronal.
Definitivamente, puede ser sumamente apto para el goce, que me nombre su respiro.
sábado, mayo 26, 2007
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